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La Escritura es nuestra guía

Como iglesia cristiana bautista independiente, reconocemos la inspiración de las Sagradas Escrituras por obra del Espíritu Santo de Dios a sus autores humanos, , y la identificamos como la única regla de fe y conducta “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; 20 entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, 21 porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo2 Pe 1:19-21 RV60

Así mismo reconocemos la infalibilidad, inerrancia y suficiencia de Las Escrituras para la vida y la piedad en todos y cada uno de sus 66 libros (39 del A.T. y 27 del N.T.) “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia2 Pe 1:3 RV60; “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra2 Timoteo 3:16-17

Confesamos la fe histórica

Siendo una iglesia de confesión bautista y acorde a las doctrinas bíblicas de la reforma, reconocemos de gran utilidad el uso de credos y confesiones históricos que sin ser inspirados pero si acordes a las Sagradas Escrituras, han aportado al acuerdo de la ortodoxia cristiana en momentos de acoso y dificultad para enfrentar la falsa doctrina, la oposición al evangelio y el avance del Reino de Cristo.


Por tal razón hemos acogido LA CONFESIÓN DE FE BAUTISTA DE 1833 NEW HAMPSHIRE al considerarla una declaración clara y concisa de la fe, que proporciona gran comprensión de la teología bautista histórica y mantiene armonía con las doctrinas de las mayores confesiones bautistas históricas, como la Confesión de Londres de 1689, expresando las grandes verdades del cristianismo ortodoxo e histórico en una forma breve y precisa.

CONFESIÓN DE FE

BAUTISTA DE 1833 NEW HAMPSHIRE

Creemos que la Santa Biblia fue escrita por hombres divinamente inspirados, y que es tesoro perfecto de instrucción celestial; [1] que tiene a Dios por autor, por objeto la salvación, y por contenido la verdad sin mezcla ninguna de error, [2] que revela los principios según los cuales Dios nos juzgará; [3] siendo por lo mismo, y habiendo de serlo hasta la consumación de los siglos, centro verdadero de la unión cristiana, y norma suprema a la cual se debe sujetar todo juicio que se forme de la conducta, las creencias y las opiniones humanas.

 

[1] 2 Tim. 3: 16, 17; 2 Ped. 1:21; 2 Sam. 23:2; Hechos. 1:16

[2] Prov. 30:5, 6; Juan 17:17; 2 Tim 3:15; Rom. 3:4; Apoc. 22:18, 19

[3] Rom. 2: 12; 1 Cor. 4:3, 4; Luc. 10:10-16; 12:47, 48

Creemos que hay un solo Dios viviente y verdadero, y que solamente éste hay; Espíritu infinito e inteligente, cuyo nombre es JEHOVA, Hacedor y Juez Supremo del cielo y de la tierra, [1] indeciblemente glorioso en santidad, [2] y merecedor de toda la honra, confianza y amor posibles; [3] que en la unidad de la Divinidad existen tres personas que son, El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo; [4] iguales en toda perfección divina, y desempeñando oficios distintos pero que armonizan, en la grande obra de la redención.

 

[1] Juan 4:24. Dios es Espíritu. Sal. 147: 5.; Heb. 3:4; Rom. 1:20; Jer. 10:10

[2] Éxodo 15:11; Is. 6:3; 1 Ped. 1:16; Apoc. 4:6-.

[3] Mar. 12:30; Apoc. 4: 11; Mat. 10:37; Jer. 2:12, 13

[4] Mat. 28:19.; Juan 15:26; 1 Cor. 12:4-6

Creemos que el hombre fue creado en santidad, sujeto a la ley de su Hacedor; [1] pero por transgresión voluntaria cayó de aquel estado santo y feliz; [2] en consecuencia toda la humanidad es ahora pecadora, [3] no por obligación sino por elección; estando por naturaleza totalmente vacía de esa santidad requerida por la ley de Dios, positivamente inclinada al mal; y por tanto bajo justa condenación a la ruina eterna, [4] sin defensa ni disculpa que le valga. [5]

 

[1] Gén. 1:27; Ecles. 7:29; Hech. 17:26; Gén. 2:16

[2] Gén. 3:6-24.; Rom. 5:12.

[3] Rom. 5: 19; Juan 3:6. Sal. 51:5; Rom. 5:15-19; 8:17.

[4] Ef. 2:3.

[5] Ezeq. 18:19, 20.; Rom. 3:19.; Gál. 3:22.

Creemos que la salvación de los pecadores es puramente gratuita, [1] a través del oficio de Mediador del Hijo de Dios; [2] quien cumpliendo la voluntad del Padre, se hizo hombre, pero exento del pecado; [3] honró la ley divina con su obediencia personal, y por su muerte hizo una completa expiación por nuestros pecados, [4] resucitando después de entre los muertos, y desde entonces se entronó en los cielos; y uniendo en su maravillosa persona las más tiernas simpatías con las perfecciones divinas, él está en todos los sentidos calificado para ser un Salvador adecuado, compasivo y totalmente suficiente. [5]

 

[1] Ef. 2:5; Mat. 18:11; 1 Juan 4:10; 1 Cor. 3:5-7; Hech. 15:11.

[2] Juan 3:16.

[3] Fil. 2:6, 7.

[4] Isa. 53:4, 5.

[5] Heb. 7:25.; Col. 2:9.

Creemos que la justificación es el gran bien evangélico que asegura Cristo [1] a los que en él tengan fe; [2] que incluye esta justificación el perdón del pecado, [3] y el don de la vida eterna de acuerdo con los principios de la justicia; que la otorga exclusivamente mediante la fe en él, y no por consideración de ningunas obras de justicia que hagamos; imputándonos Dios gratuitamente mediante esta fe la justicia perfecta de aquél; [4] que nos introduce a un estado altamente bienaventurado de paz y favor con Dios, y hace nuestros ahora y para siempre todos los demás bienes que hubiéremos de necesitar. [5]

 

[1] Juan 1:16; Ef. 3:8.

[2] Hech. 13:39; Isa. 3:11, 12; Rom. 5:1.

[3] Rom. 5:9; Zac. 13:1; Mat. 9:6; Hech. 10:43.

[4] Rom. 5: 19; Rom, 3:24-26; 4:23-25; Juan 2:12.

[5] Rom. 5:1, 2

Creemos que las bendiciones de la salvación son gratuitas para todos por medio del evangelio; [1] que es deber de todos aceptarlos inmediatamente con fe cordial, arrepentida y obediente, [2] y que el único obstáculo para la salvación del pecador es la corrupción resuelta de éste, y su rechazo voluntario del evangelio, [3] rechazo que le acarrea condenación agravada. [4]

 

[1] Isa. 55:1.; Apoc. 22: 17;

[2] Hech. 17:30.; Rom. 16:26; Mar. 1:15; Rom. 1:15-17.

[3] Juan 5: 40.; Mat. 23:37; Rom. 9:32.

[4] Juan 3: 19.; Mat. 11:20; Luc. 19:27; 2 Tes. 1:8.

Creemos que para ser salvos los pecadores deben ser regenerados o nacer de nuevo; [1] que la regeneración consiste en dar una disposición santa a la mente; [2] que se efectúa de una manera que está por encima de nuestra comprensión por el poder del Espíritu Santo, en conexión con la verdad divina, a fin de asegurar nuestra obediencia voluntaria al evangelio; [4] y que su evidencia apropiada aparece en los frutos santos del arrepentimiento, la fe y la novedad de vida [5]

 

[1] Juan 3:3.; Juan 3:6; l Cor. 1:14; Apoc. 8:7-9; 21:27.

[2] 2 Cor. 5:17; Ezeq. 36:26; Deut. 30:6; Rom. 2:28, 29.

[3] Juan 3: 8; Juan 1: 13; Sant.1:16-18; 1 Cor. 1:30; Fil. 2:13.

[4] 1 Ped.1:22, 23; 1 Juan 5: 1; Ef. 4:20-24; Col. 3:9-11.

[5] Ef. 5:9; Rom. 8:9; Gál. 5:16-23; Ef. 3:14-21; Mat. 3:8-10; 7:20; 1 Juan 5:4, 18.

Creemos que el arrepentimiento y la fe son deberes sagrados, y también gracias inseparables, obradas en nuestras almas por el Espíritu regenerador de Dios; [1] por lo cual, estando profundamente convencidos de nuestra culpa, peligro e impotencia, y del camino de salvación por Cristo, [2] nos volvemos hacia Dios con contrición sincera, confesión y suplica de misericordia; al mismo tiempo reconociendo, al Señor Jesucristo como nuestro Profeta, Sacerdote y Rey, y confiando solo en Él como el único y totalmente suficiente Salvador. [3]

 

[1] Mar. 1:15; Hech. 11:18.; 1 Juan 5:1.

[2] Juan 16:8.; Hech. 2:38.; Hech. 16:30, 31.

[3] Rom. 10:9-11.; Hech. 3:22, 23; Heb. 4: 14.

Creemos que la elección es el propósito eterno de Dios, según el cual él misericordiosamente regenera, santifica y salva a los pecadores; [1] que por ser este propósito perfectamente consecuente con el albedrío humano, abarca todos los medios en conexión con el fin, [2] que es una exhibición muy gloriosa de la bondad soberana de Dios, siendo infinitamente libre, sabio, santo e inmutable; [3] que excluye completamente la jactancia y promueve la humildad, el amor, la oración, la alabanza, la confianza en Dios y la imitación activa de su libre misericordia; [4] que estimula al uso de los medios que puede conocerse viendo sus efectos en todos los que efectivamente reciben a Cristo; [5] que es fundamento de la seguridad cristiana; y que comprobarla con respecto a nosotros mismos demanda y merece la máxima diligencia [6]

 

[1] 2 Tim. 1:8, 9;

[2] 2 Tes. 2:13, 14;

[3] 1 Cor. 4: 7. ; 1 Cor. 1: 26-31; Rom. 3:27.

[4] 2 Tim. 2: 10.; 1 Cor. 9:22; Rom. 8:28, 30.

[5] 1 Tes. 1:4.

[6] 2 Ped. 1:10, 11.; Fil. 3: 12; Heb. 6:11.

Creemos que las Escrituras enseñan que la santificación es aquel proceso mediante el cual se nos hace partícipes de la santidad de Dios, según la voluntad de éste; [1] que es una obra progresiva; [2] que inicia con la regeneración y que se lleva a cabo en los corazones de los creyentes por la presencia y el poder del Espíritu Santo, el Sellador y Consolador, en el uso continuo de los medios designados, especialmente la Palabra de Dios, el autoexamen, la abnegación, la vigilancia y la oración, [3] practicando todo ejercicio y cumpliendo todo deber piadoso [4]

 

[1] 1 Tes. 4:3; 1 Tes. 5:23; 2 Cor. 7:1; 13:9; Ef. 1:4.

[2] Prov. 4:18;

[3] Fil. 2: 12, 13; Ef. 4:11, 12; 1 Ped. 2:2; 2 Ped. 3:18; 2 Cor. 13:5; Luc. 11:35; 9:23; Mat. 26:41; Ef. 6:18; 4:30.

[4] 1 Tim. 4: 7

Creemos que las Escrituras enseñan que solo son verdaderos creyentes los que perseveran hasta el fin; [1] que su adhesión perseverante a Cristo es la señal notable que los distingue de los profesantes superficiales; [2] que una providencia especial vela por su bienestar; [3] y que son custodiados por el poder de Dios para la salvación mediante la fe. [4]

 

[1] Juan 8:31.; 1 Juan 2:27, 28.

[2] 1 Juan 2:19.

[3] Rom. 8:28.; Mat. 6:30-33; Jer. 32:40.

[4] Fil. 1:6.; Fil. 2:12, 13.

Creemos que las Escrituras enseñan que la ley de Dios es la norma eterna e invariable de su gobierno moral, [1] que es santa, justa y buena; [2] y que la incapacidad que las Escrituras atribuyen a los hombres caídos para cumplir sus preceptos surge enteramente de su amor al pecado; [3] liberarlos de éste y restaurarlos por medio de un Mediador a la obediencia sincera a la santa ley, es un gran fin del evangelio y de los medios de gracia relacionados con el establecimiento de la iglesia visible [4]

 

[1] Rom. 3:31; Mat. 5: 17; Luc. 16:17; Rom. 3:20; 4:15.

[2] Rom. 7:12; Rom. 7:7, 14, 22; Gál. 3:21; Sal. 119.

[3] Rom. 8:7, 8.

[4] Rom. 8:2-4.

Creemos que las Escrituras enseñan que una iglesia de Cristo es una compañía de fieles bautizados,[1] asociados mediante pacto en la fe y la comunión del evangelio; [2] la cual practica las ordenanzas de Cristo; [3] es gobernada por las leyes de Este;[4] y ejerce los dones, derechos y privilegios que a ella otorga la palabra del mismo; [5] y cuyos únicos oficiales bíblicos son el pastor, u obispo, y los diáconos, [6] estando definidos los requisitos, derechos y obligaciones de estos oficiales en las epístolas de Pablo a Timoteo y Tito.

 

[1] Hechos. 2:41, 42.

[2] 2 Cor. 8: 5.

[3] 1 Cor. 11:2.

[4] Mat. 28:20; Juan 14:15.

[5] 1 Cor. 14:12.

[6] Fil. 1:1; Hech. 14:23; 15:22; 1 Tim; 3; Tito 1.

Creemos que enseñan las Escrituras que el bautismo cristiano es la inmersión en agua del que tenga fe en Cristo, [1] hecha en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; [2] a fin de proclamar, median te bello emblema solemne, esta fe en el Salvador crucificado, sepultado Y resucitado, y también el efecto de la misma fe, a saber, la muerte al pecado y. la resurrección a nueva vida del fiel, [3] y que el bautismo es requisito previo para los privilegios de la relación eclesiástica; v.g., la cena del Señor.

Nota: No reconocemos como bautismo bíblico las inmersiones practicadas en otras denominaciones, por la falta de autoridad eclesiástica en su administración. Creemos que tanto El Bautismo como La Cena del Señor deben administrarse por ministros debidamente ordenados.»

 

[1] Hch 8:36-39.; Mat. 3:5, 6; Juan 3:22, 23; Juan 4:1-2

[2] Mat. 28:19; Hech. 10:47, 48; Gál. 3:27, 28.

[3] Rom. 6:4.; Col. 2:1

[4] Hech. 2:41, 42. Mat. 28:19,20.

Creemos que enseñan las Escrituras que la cena del Señor es cierta provisión de pan y vino, que representa el cuerpo y la sangre de Cristo Y que de ella participan los miembros de la iglesia reunidos para el efecto, [1] conmemorando así la muerte de su Señor, [2] proclamando la fe que le tienen y su participación en los merecimientos de su sacrificio, su necesidad de que les suministre vida y nutrimiento espirituales, [3] y su esperanza de la vida eterna en virtud de la resurrección de Cristo de entre los muertos; y que debe preceder a su observancia el examen detenido de sí propio por cada participante.[4]

 

[1] Luc. 22:19, 20; Mar.14:20-26· Mat. 26:27-30· 1 Cor 11 :27-30; 10 :16.

[2] 1 Cor. 11:26; Mat. 28:20.

[3] Juan 6:35, 54, 56.

[4] 1 Cor. 11:28.

Creemos que enseñan las Escrituras que es Día del Señor el primero de la semana, [1] Y que se le ha de consagrar a los fines religiosos, [2] absteniéndose el cristiano de todo trabajo secular que no sea obra, de misericordia y necesidad; [3] valiéndose con devoción de todos los medíos de gracia privados y públicos, [4] y preparándose para el descanso que le queda al pueblo de Dios.

 

[1] Hech. 20: 7.

[2] Éxodo 20:8.; Apoc. 1: 10.; Sal. 118: 24.

[3] Isa. 58: 13, 14.; Isa.: 56:2-8.

[4] Heb. 10:24, 25.; Hech 13: 44

Creemos que enseñan las Escrituras que existe el gobierno civil por disposición divina, para los intereses y el buen orden de la sociedad humana; [1] y que por los magistrados debemos orar, honrándolos en conciencia, y obedeciéndoles, [2] salvo en cosas que sean opuestas a la voluntad de nuestro Señor Jesucristo, [3] único dueño de la conciencia y príncipe de los reyes de la tierra. [4]

 

[1] Rom. 13: 1-7.

[2] Mat. 22:21; Tito 3:1; 1 Ped. 2:13; 1 Tim. 2:1-8.

[3] Hech. 5:29; Mat. 10:28; Dan. 3:15-18; 6:7, 10; Hech. 4: 18-20.

[4] Mat. 23: 10; Sal. 72:11; Sal. 2; Rom. 14:9-12.

Creemos que enseñan las Escrituras que hay diferencia radical y esencial entre los justos y los impíos, [1] que en la estimación de Dios no hay otros justos verdaderos aparte de los regenerados; éstos han sido justificados mediante la fe en Jesucristo, y santificados por el Espíritu Divino; [2] que, a los ojos de Dios, son impíos y malditos cuantos sigan impenitentes e incrédulos [3] y que es permanente esta diferencia entre unos y otros muriendo y después de la muerte. [4]

 

[1] Mal. 3:18.

[2] Rom. 1:17.; 1 Juan 2:29.; 1 Juan 3:7; Rom. 6:18, 22; 1 Cor. 11:32; Prov. 11:31; 1 Ped. 4:17, 18.

[3] 1 Juan 5:19.; Gál. 3:10.; Juan 3:36; Isa. 57:12; 55:6, 7; Sal. 10:4.

[4] Prov. 14:32.; Luc. 16:25.; Juan. 8:21-24; Prov. 10:24; Luc. 12:4, 5; 11:23-26; Juan 12:25, 26; Ecles. 3:17

Creemos que enseñan las Escrituras que se acerca el fin de este mundo; [1] que en el día postrero Cristo descenderá del cielo, [2] y levantará los muertos del sepulcro para que reciban su retribución final; [3] que entonces se verificará una separación solemne; [4] que los impíos serán sentenciados al castigo eterno, y los justos al gozo sin fin; [5] y que este juicio determinará para siempre, sobre los principios de justicia, el estado final de los hombres, en el cielo o en el infierno.[6]

 

[1] 1 Ped. 4: 7; 1 Cor. 7:29-31; Heb. 1: 10-12; Mat. 24:35.

[2] Hech. 1:11.

[3] Hech, 24:15.; 1 Cor. 15:12-58; Luc. 14:14; Dan. 12:2.

[4] Mat. 13:49; Mat. 13:37-43; 24:30, 31; 25:31-33.

[5] Mat. 25: 31-46; Apoc. 22:11; 1 Cor. 6:9, 10; Mar. 9:43-48.

[6] 2 Tes. 1:6-12; Heb. 6:1, 2; 1 Cor. 4:5; Hech. 17:31; Rom. 2:2-16; Apoc. 20:11, 12; 1 Juan 2:28; 4:17; 2 Ped. 3:11, 12.

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